LOS TERRITORIOS TERAPÉUTICOS

 Si nuestra medicina moderna está en crisis, si buena parte de los servicios de prestación de salud están en quiebra, si antiguas enfermedades como las venéreas y la tuberculosis, están de nuevo hoy en peligroso ascenso, si, en una palabra, no somos hoy más sanos, en el sentido total de ser más íntegros, ¿Dónde está, nos preguntamos, nuestro avance en términos de humanidad? ¿Acaso hemos conseguido más paz, más amor, una mayor libertad? ¿Podríamos decir en serio que somos hoy más responsables, tolerantes y felices?
Los sistemas médicos son estrategias de supervivencia de las culturas. Ni mejores ni peores, son simplemente modelos adaptativos que responden implícita o explícitamente a una cosmovisión. Desarrollar una medicina exclusivamente fundamentada en el método científico revela también una visión del mundo delimitada y enmarcada por los límites de la materia, que considera a la mente y a la consciencia como sus derivaciones o subproductos. Pero otras cosmovisiones vigentes social y culturalmente entre grandes culturas humanas conciben exactamente lo contrario: Que la materia y el cuerpo son derivados de la mente y la consciencia.
¿Cómo conciliar, en un mundo sediento de integridad y síntesis, visiones del mundo y sistemas médicos tan diferentes? Si nuestra medicina moderna está en crisis, si buena parte de los servicios de prestación de salud están en quiebra, si antiguas enfermedades como las venéreas y la tuberculosis, están de nuevo hoy en peligroso ascenso, si, en una palabra, no somos hoy más sanos, en el sentido total de ser más íntegros, ¿Dónde está, nos preguntamos, nuestro avance en términos de humanidad? ¿Acaso hemos conseguido más paz, más amor, una mayor libertad? ¿Podríamos decir en serio que somos hoy más responsables, tolerantes y felices? ¿Qué hemos hecho de nuestro antiguo miedo de morir, que gravita sobre la vida, de tal manera, que a veces el arte de vivir se reduce al arte gris de sobrevivir?.
Aunque pareciera impensable hoy, por nuestros avances, en muchos frentes también estamos perdiendo la guerra contra los microbios. Pero, ¿Es la muerte la enemiga? ¿O las bacterias, o el dolor?. ¿La vieja estrategia evolutiva límbica de atacar o de huir parece que ya no da más resultados cuando se trata, no de sobrevivir, sino de conquistar una buena calidad de vida. No es, en el plano humano, el creced y multiplicaos o la supervivencia de los más aptos lo que permitirá la emergencia de una humanidad mejor. No es garantizar una vida mejor. Es la cualidad de la relación con todos y con todo, con los bichos y el dolor, con la naturaleza, nuestra propia naturaleza en ella inmersa, donde podemos encontrar una respuesta.
Este paradigma nuevo tiene mucho más que ver con el enfermo que con la enfermedad. La enfermedad es el predicado. Pero ¿Qué nos hemos preguntado del sujeto? La misma enfermedad está allí como una pregunta abierta demandando qué estamos haciendo con la vida, es decir, la vida, la mente, la consciencia, el sentir, el espíritu, la relación total con el mundo. No puede mejorar realmente el nivel de vida del individuo si no mejora el de la humanidad. No puede mejorar la salud si no descubrimos nuestra indisoluble continuidad con el todo humano, que podemos llamar humanidad, no solo externa sino también esa humanidad interna: Nuestra propia humanidad.
La salud pareciera tener más que ver con ese puente hacia la totalidad, que es la integridad, que con cualquier factor aisladamente considerado, llámese emoción, microbio ó tóxico. En ese contexto relacional somos lo que somos con todo u otro, la otredad nutre la yoidad y en el nosotros conquistamos ese nivel de integridad que podríamos llamar salud. En ese nivel todos los territorios médicos están integrados. El chamanismo y la biología molecular, la cirugía y la psicología transpersonal, las medicinas de la materia con las de la energía. La biocibernética y las ciencias de la consciencia. Reflexiones de la luz sobre el diamante de mil caras de la evolución del mundo, la medicina del hombre es una y diversa. Su diversidad expande su riqueza cultural desde la unidad esencial del ser humano. Y ésta unidad contrae su diversidad en el núcleo de humanización que hace de cada hombre uno con toda la humanidad. Células del cuerpo humano, ya no un cuerpo de moléculas y tejidos y órganos, sino un cuerpo de sociedades, culturas y propiedades emergentes, que en la humanidad continúan la corriente única de la vida.

Jorge Carvajal Posada
3/28/2008





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