EN ARMONÍA CON EL INFINITO de RODOLFO WALDO TRINI

Libro : En Armonía con el Infinito


(un poquito del capítulo III)

Dios es el Espíritu de infinita vida. Si de ella nos hacemos partícipes y nos abrimos por completo a su divino flujo, se reflejará en la vida orgánica más de lo que a primera vista parece. Es evidente que la vida de Dios está exenta de todo mal por su propia naturaleza. Por lo tanto, no puede padecer mal alguno el cuerpo donde esta vida entre libremente y del cual libremente fluya.

Hemos de reconocer, por lo que a la vida física se refiere, el principio de que toda vida surge de dentro a
fuera. Principio expresado por la inmutable ley que dice: “Tal causa, tal efecto. Así lo interior, así lo exterior.” En otros términos: las fuerzas del pensamiento, los estados de la mente, las emociones, todo influye en el cuerpo humano.

Alguien dirá: “Oigo muchas cuestiones referentes a los efectos de la mente en el organismo, pero no puedo
creer en ellas.

“Cómo no? Cuando os dan repentinamente una mala noticia, palidecéis, tembláis y tal vez os sobreviene un
síncope. Sin embargo, por el conducto de la mente os ha llegado la noticia.
Un amigo, en las expansiones de la mesa, os molesta con alguna inconveniencia que lastima vuestro amor
propio. Desde aquel momento perdéis el apetito, aunque hasta entonces hayáis estado alegres y
dicharacheros. Las mortificantes palabras del imprudente amigo os han afectado por conducto de la mente.
En cambio, ved a ese joven que arrastra los pies y tropieza con los más leves obstáculos del camino. ¿Cómo
así? Sencillamente porque su mente es flaca, porque es idiota. En otros términos: la debilidad de la mente es
causa de la del cuerpo. Quien tiene la cabeza firme, tiene también firmes los pies. Y quien no tiene seguras
las ideas tampoco podrá asegurar los pasos.
De nuevo os veis en inopinado aprieto. Estáis temblando y vaciláis de miedo.
¿Por qué no tenéis fuerzas para moveros? ¿Por qué tembláis? ¡Y todavía creéis que la mente no influye en
el organismo!
Os domina un arrebato de cólera. Pocas horas después os quejáis de fuerte dolor de cabeza. ¡Y todavía os
parecerá imposible que las ideas y las emociones influyan en el organismo!

Hablaba yo del tedio con un amigo, quien me dijo: “Mi padre es muy propenso al tedio.” Yo le respondí:
“Vuestro padre no está sano ni es fuerte, vigoroso, robusto y activo.” Y entonces pasé a describirle más por
completo el temperamento de su padre y las conturbaciones que le asaltaban.
Miróme él con aire de sorpresa y dijo:

* ¿Conoce usted a mi padre?
* No ,le respondí.
* Pues entonces, ¿cómo puede usted describir tan minuciosamente el mal que le aflige?
* Usted acaba de revelarme que su padre es muy propenso al tedio y con ello me indicaba la causa. Yo
me contraje a relacionar con esta causa sus peculiares efectos al describir el temperamento del
enfermo.
El miedo y el tedio obstruyen de tal modo las vías del cuerpo, que las fuerzas vitales fluyen por ellas tardía
y perezosamente. La esperanza y el sosiego desembarazan las vías del cuerpo de tal manera, que las fuerzas
vitales recorren un camino donde rara vez el mal puede sentar la planta.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...